Cuando querés que tu ahorro empiece a generar dinero mediante inversiones, lo más común es pensar en qué invertir. Pero, antes de elegir un instrumento o abrir una cuenta, es clave evitar algunos errores muy comunes que atentan contra tu patrimonio.
En esta nota te contamos cuáles son para que puedas armar una estrategia sólida desde el principio, evitando pérdidas y frustraciones en el camino inversor.
Error 1: Invertir sin diferenciar por objetivos
Hay un concepto básico que cualquier ahorrista o inversor debe tener presente: “No todas las inversiones sirven para todo”.
En el mundo inversor hay instrumentos para todos los gustos, que apuntan a diferentes objetivos.
No es lo mismo el dinero que necesitamos para nuestros gastos del mes, el que estamos juntando para nuestras próximas vacaciones, el que tenemos guardado para un imprevisto o que juntamos con tiempo para complementar nuestra jubilación.
El primer paso al invertir es plantear nuestros objetivos según nuestras necesidades.A cada uno de ellos asignarles un monto estimado y un plazo.
Estos objetivos financieros tienen que estar alineados con nuestros objetivos personales. Dependerán de cada persona y van variando a lo largo de nuestra vida.
Por eso, no es válido “invertir en algo que me recomendó un amigo” o seguir haciendo algo que “siempre hice” porque la situación puede haber cambiado.
Separar las “alcancías”
Una vez que tenemos claro nuestros distintos objetivos, tenemos que separarlos en distintos “chanchitos” o “alcancías”.
Y a cada uno de ellos tratarlos por separado según el plazo y la necesidad:
- Los de corto plazo tienen que estar en opciones líquidas y conservadoras.
- El dinero de largo plazo puede invertirse en instrumentos más arriesgados que puedan generar más rendimiento.
Tener todo tu dinero junto, sin objetivos, es un gran error que te puede llevar a vender por necesidad cuando los precios están en baja y perder plata o rendimiento.
Error 2: No contar con un fondo de reserva o de emergencia
Imaginá esta situación: “Estás destinando todos tus ahorros a un fondo para comprar tu casa dentro de unos años y se te rompe el caño de tu vivienda actual. Tenés que arreglarlo urgente pero tus ingresos sactuales no te alcanzan ¿de dónde sacás el dinero?”
En esta situación, tenés dos opciones: o te endeudás (al costo que sea) o usás parte del dinero reservado para tu casa.
Ninguna de las dos alternativas es buena: la primera te genera un costo que no tenías previsto y, la segunda te aleja más del objetivo de tu vivienda propia (y hasta puede hacerte perder plata si tenés que desarmar, en mal momento, inversiones que suben y bajan de precio).
¿Cómo evitás esta encerrona? Con el fondo de reserva para emergencias.
Constituir este fondo tiene que ser el primer objetivo de ahorro. Antes de juntar dinero para tus vacaciones, para cambiar el auto o para tu jubilación.
Si no lo tenés, ante un imprevisto (que, en algún momento de tu vida, va a pasar) vas a tener que recurrir a dinero que tenías para otros objetivos.
Como dijimos en el primer punto, cada objetivo tiene sus instrumentos y el fondo de emergencia no es la excepción.
¿Cómo debe ser el fondo de emergencia?
Tiene que tener liquidez, para estar disponible en cualquier momento que lo necesites.
Debe estar en opciones de bajo riesgo. No puede estar expuesto al riesgo de que el precio suba o baje.
La moneda debería ser la que puedas necesitar. Si es en Argentina, lo más adecuado sería tener el fondo en pesos, pero que sigan a la inflación. Los Fondos Comunes de Inversión (FCI) de dinero (los mismos de las billeteras virtuales) o de renta fija de riesgo bajo, a no más de 24 horas, son opciones adecuadas.
Podés contar con una parte en dólares para cubrirte de una eventual devaluación. Pero, tené en cuenta que el poder de compra del dólar sube y baja.
Error 3: No conocer tu tolerancia al riesgo
La tolerancia (o no) al riesgo es un punto fundamental al momento de invertir.
Es lo que determina que una persona pueda o no dormir tranquila cuando los precios de sus activos suben o bajan (algo que sucede habitualmente en inversiones de largo plazo).
Esto determina nuestro perfil inversor o perfil de riesgo: conservador, moderado o agresivo (arriesgado).
Conocer esto es fundamental para elegir bien los instrumentos y no errarle al invertir.
Si nos asustamos o entramos en pánico cuando nuestras inversiones bajan de precio, podemos vender en el peor momento. O, si estamos en opciones demasiado conservadoras, quizá estamos perdiendo invertir en alternativas que dan más rendimiento.
Cada persona tiene un perfil de riesgo diferente, y este va variando a lo largo de su vida. Conocerlo es muy sencillo, respondiendo una encuesta que piden al abrir una cuenta de inversión.
La tolerancia al riesgo depende de diversas cuestiones: la personalidad (hay personas más o menos arriesgadas), la edad (los más jóvenes sueles ser más arriesgados porque tienen años por delante para aprender y recuperarse), el nivel y la estabilidad del ingreso, la familia a cargo y la experiencia.
Una vez conocido el riesgo que estamos dispuestos a asumir para nuestras inversiones, podremos elegir los instrumentos. No al revés.
Riesgo, rendimiento y plazo van de la mano
Si evitás esos tres errores, estarás en mejores condiciones de armar tu estrategia de inversión, en función de los objetivos.
Siempre, teniendo en cuenta una relación clave en las inversiones: Rentabilidad, riesgo y plazo se mueven en el mismo sentido. Esto quiere decir que cuando una de las variables aumenta, las otras también.
Es decir que, para el dinero destinado a objetivos de corto plazo (fondo de emergencia, las próximas vacaciones), necesitamos invertir en opciones de bajo riesgo que darán un rendimiento acotado.
En cambio, para el dinero de largo plazo (como el capital para la jubilación) lo mejor es incorporar instrumentos de mayor riesgo (en un porcentaje acorde para nuestro perfil) para obtener mayores rendimientos.
Una vez que hayas definido tus objetivos, separado tus ahorros según el plazo de cada uno y armado tu fondo de emergencia, podrás empezar a buscar los instrumentos que más se acomodan a tu perfil de riesgo para sacarle el mayor jugo posible a tu dinero.
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