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Menos gastos fijos, la clave para que el dinero alcance

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Un presupuesto flexible, con un margen para cambiar el destino del dinero, es la base para tener finanzas personales sanas que permitan acomodarse en tiempos complicados.

Cuando queremos ajustar gastos porque los números no cierran, porque queremos empezar a ahorrar o, simplemente, porque necesitamos tener las cuentas en orden para evitar que una mala racha nos agarre desprevenidos, hay algo que es imprescindible: tener un presupuesto flexible.

Esto quiere decir, que tengamos un margen suficiente como para reducir o modificar gastos sin mayores problemas.

Para que esto suceda la clave es tener el menor porcentaje de gastos fijos posible.

Parece simple y puede serlo si uno lo planifica, pero si partimos de una situación muy ajustada, la cosa se complica. Si ganamos 100 pesos y tenemos comprometidos 80 en pagos fijos, va a ser muy difícil acomodarnos si queremos hacer cambios. Por el contrario, si sólo tenemos que pagar sí o sí 50 pesos, tenemos mayor margen para gastar más o menos, según nuestras necesidades.

Una base sólida

Hay algo que puede parecer obvio, pero que no todos tienen en cuenta y lo voy a subrayar: Cada uno tiene que vivir dentro de sus posibilidades.

En otras palabras, uno tiene que tener la vida que puede pagar. La disponibilidad de endeudamiento puede hacer que uno esté por encima durante algún tiempo, pero tarde o temprano, lo tendremos que afrontar.

Es algo que tenemos que tener presente en cada decisión que tomemos que involucre nuestro dinero, desde lo más chico a lo más grande: al comprar o alquilar una casa, adquirir un auto, irnos de vacaciones, elegir la prepaga, el plan de celular o la escuela de los chicos.

Todo esto genera gastos y estos tienen que estar en sintonía con nuestros ingresos. Si no los podemos afrontar o lo hacemos en forma muy ajustada, a la larga nos generará un problema porque no nos va a dejar margen para ahorrar, cubrir eventualidades, darnos un gusto o achicar, si nos hiciera falta.

Los rubros a mirar

Como hemos señalado en otras notas sobre el presupuesto, los gastos se pueden dividir en fijos y variables, básicos y superfluos. La ubicación en cada categoría depende de nuestra situación.

Por supuesto que, cuando tenemos que recortar, los gastos superfluos son los primeros a considerar pero, a veces no es posible, si asumimos un compromiso fijo por mes.

Vamos a ver algunos ejemplos concretos de gastos fijos y lo que tenemos que considerar a la hora de asumirlos.

Vivienda

Antes de decidir dónde vamos a vivir, tenemos que pensar todos los gastos que están asociados. Más allá de que podamos pagar el inmueble, o la mudanza, hay otros desembolsos que van a comprometer nuestro presupuesto siempre.

Antes de tomar la decisión de mudarnos el análisis debe ser minucioso: tenemos que estar seguros de que los vamos a poder pagar.

Alquiler. Este suele ser un gasto importante en nuestro presupuesto y, además, muy inflexible porque esta sujeto a un contrato por un par de años y porque mudarse implica un desembolso importante en traslado y garantías.

Expensas. Este no es un gasto menor y antes de mudarnos deberíamos averiguar cuánto son los gastos comunes.  Se aplica si estamos por alquilar pero, muy especialmente si vamos a comprar una vivienda o un lote para construir.

Impuestos y servicios. Otra cuestión a considerar a la hora de elegir una vivienda es el de los impuestos inmobiliarios a pagar y los gastos en luz, agua o gas (una casa más grande o en un lugar más abierto, genera más consumo e insume más plata).

Crédito hipotecario. A la hora de sacar un préstamo, el banco tiene en cuenta la relación cuota-ingreso, que no suele superar el 25%. Sin embargo, en los créditos ajustados por UVA (Unidad de Valor Adquisitivo), tenemos que tener en cuenta que la cuota sube todos los meses por inflación. Como nuestros ingresos, en general, se ajustan con un retraso (un par de veces al año) tenemos que tomar el recaudo de que ese pago mensual inicial no esté tan ajustado y de dejar un margen para esos desfasajes.

Vehículos

Al igual que con la vivienda, a la hora de comprar un nuevo auto tenemos que considerar, no sólo que podamos pagar el precio sino los gastos asociados.

Préstamo prendario. Si lo compramos con un crédito, tengamos en cuenta que la cuota hay que pagarla todos los meses.

Impuestos. El impuesto automotor es más caro, mientras mayor es valor del vehículo.

Seguro. Lo mismo sucede con este rubro. Antes de contratar una compañía, analizar que la póliza sea la que necesitamos y comparar distintas opciones.

Combustible. Si bien este es un gasto variable, según el kilometraje que realicemos, antes de comprar un auto tenemos que ver cuál es el consumo. Los motores más grandes y de menor tecnología gastan más. Con el alto precio de la nafta esto es algo para tener muy en cuenta.

Educación y salud

Al elegir el colegio de nuestros hijos o el plan de medicina prepaga, los pagos mensuales deben estar dentro de nuestras posibilidades.

Escuela/universidad. Si bien la educación es algo que vale la pena el esfuerzo por pagarlo, hay veces que, sencillamente, no lo podemos afrontar. Entonces, deberemos buscar una opción más adecuada a nuestro presupuesto. Tengamos en cuenta que, además de la cuota mensual, hay otros gastos variables relacionados como comida, vestimenta, libros y útiles, paseos, etcétera.

Prepaga. En los planes de salud, no siempre los más caros son los más convenientes. Quizá, con un plan básico nos alcance, lo que tenemos que preguntarnos es: ¿la diferencia de la cuota mensual se justifica en función del uso que le voy a dar a esas mayores prestaciones? En general, todas las coberturas abarcan el plan médico obligatorio (PMO) y las prestaciones de alta complejidad, que son las más caras. Si esto está cubierto, bien podemos pagar algunas cosas sólo cuando las necesitemos.

Otras actividades. Entre los gastos fijos también tenemos cuotas del club, el gimnasio, inglés, un curso. La mayoría son más fáciles de cortar si tenemos necesidad.

Deudas

El endeudamiento nos permite vivir por encima de nuestra posibilidad inmediata pero, como después hay que pagarlo, a la larga reduce nuestro nivel de vida futuro.

Antes de asumir cualquier tipo de deuda tenemos que estar seguros de que podemos pagar la cuota en tiempo y forma. Si es demasiado alta, es mejor pensar en un plazo más largo o, directamente, no realizar el gasto que la origina.

Aquí hay distintos tipos de deudas:

 

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