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Cinco recomendaciones para manejar tu economía familiar en Argentina

En una economía con grandes altibajos y cambios de las reglas de juego como la de Argentina, manejar nuestro dinero puede ser una tarea más difícil que en otros países. Acá van algunas cuestiones a tener en cuenta para no morir en el intento.

Acomodate a las circunstancias. Lo que sirvió para ayer, no necesariamente servirá para mañana. Aunque esto puede parecer una obviedad, la gente siempre es reacia a cambiar la forma de hacer las cosas, y esta actitud puede hacernos perder dinero.
Un ejemplo, la costumbre argentina de ahorrar en dólares: quien los mantuvo “bajo el colchón” hasta 2001 tuvo una ganancia pero, a partir de 2002 no sólo dejó de ganar, sino que perdió poder adquisitivo.

Otro caso: en términos generales podría decirse que comprar productos o servicios con efectivo y no endeudarse sería lo más adecuado, pero en un país con inflación pagar en 12 cuotas sin interés es, obviamente, mucho más conveniente.

Acomodarse implicará, muchas veces, animarse a conocer nuevos instrumentos, o formas distintas de hacer las cosas.

En definitiva, hay que analizar en cada momento del tiempo las opciones y no dejarse llevar por la frase: “siempre lo hicimos así y nos fue bien”. En un país tan cambiante como el nuestro, saber adaptarse tiene muchas ventajas.

Aprovechá, mientras puedas. Lo sabe quien tomó un préstamo en dólares a fines de los 90 y luego fue pesificado, o quien compró un inmueble a principios de los 2000 y hoy tiene un capital multiplicado, o quien sacó un crédito hipotecario con tasa fija en pesos antes de 2007 (cuando la crisis internacional los restringió al máximo) y hoy está pagando cuotas mucho menores a un alquiler.

En una economía cuyas variables no están equilibradas, siempre hay valores desfasados que, tarde o temprano, tenderán a acomodarse. Mientras esto pasa, se pueden lograr beneficios si se aprovechan esos desequilibrios.

Cualquier economía del mundo tiene ciclos, momentos de alza y otros de baja. Lo que hemos visto de la historia argentina es que aquí son muchos más pronunciados. Por esta razón, un comportamiento inteligente es aprovechar al máximo los buenos momentos económicos para poder capitalizarnos y mejorar nuestra situación financiera, de modo de poder enfrentar mejor las épocas de “vacas gordas”.

Las crisis son una oportunidad. Esta es una frase muy repetida que encierra una gran verdad. En momentos críticos (no hace falta que sea una gran crisis como las de 2002, pueden ser simplemente situaciones económicas complicadas) siempre hay precios que están rezagados. Quien tiene los recursos (y para eso hay que hacer bien las cosas en los buenos momentos) puede hacer muy buenos negocios, pensando en el mediano plazo.

Acostumbrate a pensar en términos reales. En momentos en que la inflación es elevada, la gente es propensa a tener “ilusión monetaria”, es decir, pensar en términos nominales. Si nos dan un aumento de sueldo, creemos que ahora tendremos todo ese incremento para gastar cuando, en realidad, primero tenemos que descontarle el efecto de la suba de precios con lo cual, el resultado hasta podría ser negativo.

Si tomamos un préstamo, un error común es sumar el valor de todas las cuotas y compararlo con el monto inicial para calcular cuánto es el interés que terminaremos pagando.

Para realizar una buena administración de nuestro dinero, el efecto de la inflación debe ser tenido en cuenta.

Diferenciá la foto de la película. “Estamos mal, pero vamos bien” o “estamos bien, pero vamos mal”. Cuando a uno le va bien, tiende a mirar todo con un espejo optimista; pero, lo más lógico es que esa situación no siga por siempre.

¿Compraríamos una propiedad, o un auto hoy si supiéramos que el año que viene sobrevendría una crisis y sus precios bajarían? ¿Qué pasaría, por ejemplo, si tomamos un préstamo a largo plazo y, en unos meses nos quedamos sin trabajo?

En momentos de cambio de tendencia en la actividad económica, también puede haber cambios en los precios, en los salarios, el empleo, la forma de cobranza y otras variables que nos afectan.

Poder reconocer las situaciones en que cambia la tendencia es útil para estar preparados y evitar tomar malas decisiones.

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